#311. The Wrong Man (Alfred Hitchcock, 1956)

#311. The Wrong Man (Alfred Hitchcock, 1956)★★★½ (7/10) 

La sombra alargada de Hitchcock aparece en cámara acompañada del repiqueteo de sus pasos dando un comienzo introductorio a The Wrong Man. El más que famoso maestro del suspenso nos advierte acerca del film que estamos por presenciar remarcando la diferencia que tiene éste al lado de sus obras previas: se trata de un film basado en hechos reales. Reales pero tan sorprendentes que superan toda imaginación. El caso de Manny Balestrero (Henry Fonda) un hombre de familia con problemas económicos que es acusado de una serie de robos. El film cuenta con una primera hora sumamente atrapante. Creemos en la inocencia del protagonista pero a la vez los hechos sorprendentes que sentencian a este pobre hombre ponen en duda todo lo que se conoce de él. A medida que avanza la investigación policial es imposible no desconfiar de Manny (o incluso de su círculo familiar). Se desconfía pero a la vez Hitchcock utiliza la cámara de forma empática y metiéndonos en la piel de Manny. Es allí cuando realiza su mayor destreza narrativa, transformando el espacio del cuadro en un símbolo claustrofóbico. Manny es encarcelado y avergonzado (en más de un sentido) al mismo tiempo que no solo observamos su pesar sino que lo sentimos. Su derrumbe físico y mental (al igual que el de su mujer), su pesar nos llega gracias a la exteriorización de la cámara. Movimientos vertiginosos, miradas subjetivas, frenéticas rupturas y el encuadre de sus captores no dejan de transmitir la sensación de ahogo, de opresión y sobre todo de desesperanza. Una vez llegado el momento del juicio y su conclusión final, el film pierde fuerza ante explicaciones o soluciones que aparentan ser irreales. Si la manera casi fantasiosa de revelar las evidencias en contra del personaje era, en principio, lo atractivo de la trama (lo irreal dentro de lo real) es también en su abordaje final lo que hace que la historia pierda un poco de sentido. No por el qué sino por el cómo. Es llevado a cabo de una forma abrupta, atropellada sin dar tiempo al proceso de cambio y entendimiento de los personajes. El mismo elemento que primero fue desarrollado paulatinamente se ahorra el trabajo de explayarse solo un poco más para tener un mejor recibimiento. La presentación de Hitchcock remarcando que lo que se está por ver realmente ocurrió termina funcionando como una excusa (o atajada) del director para poder creer en verdad los elementos inverosímiles del relato, el cual se autodevela como un MacGuffin (elemento de suspenso, excusa para que los personajes avancen en la trama) en función del excelente uso técnico y simbólico de la cámara.
Por Nicolás Ponisio

 

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