#797. Batman (Tim Burton, 1989)

★★★½ (7/10)
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Si debo pensar en la adaptación del caballero de la noche llevada a cabo por Tim Burton dos recuerdos vienen instantáneamente a mi mente. Uno es la fascinación por estar viendo algo totalmente oscuro a temprana edad y en televisión (pertenecer a la generación de los 90 me privó de la experiencia de verla en cine). El otro recuerdo está ligado a un sentimiento de frustración que se repetiría por muchos años cada vez que volvía a ver el climax del film. Ese momento en que Batman (Michael Keaton, mi primer Batman y por ende uno de los más queridos) como último recurso engancha el pie del Joker (Jack Nicholson) a una inmensa gárgola la cual termina arrojando al villano a su inevitable final.

Mi deseo en cada visionado era que, por alguna extraña razón, el Joker pudiera salirse con la suya y escapar en su helicóptero. Mi mente no podía entender cómo se atrevían a eliminar por completo al mejor personaje del film. Y es que, a pesar de que el título indica que la figura principal es el vigilante de Gotham, es el villano de turno quien divierte y aterroriza por igual en cada escena, quitándole protagonismo a cualquier otro personaje que comparte pantalla con él. Hoy en día, volviéndolo a ver, el personaje de Nicholson continúa comiéndose la película y a todo aquel que se haya a su lado, sea amigo o enemigo, como ya lo demuestra el fiel Bob the Goon (Tracey Walter, amigo personal de Nicholson lo cual explica su presencia en el film).

En una época donde un film de superhéroes no era moneda corriente en las salas de cine (Entre el primer film de Superman y el primero de Batman pasaron once años), ni precisaban de la creación de mundos que conectaran a todos los films basados en personajes de historietas, la irrupción de Batman (Tim Burton, 1989) fue toda una revolución. Incluso con la diferencia de años entre que se  estrenó y quien les escribe pudo verlo, aún entonces el estar frente a un film como este era algo totalmente único. Como una extraña muestra de que el tiempo no pasara, todavía hoy entre tanta masividad superheroica estar frente a este Batman es algo único.

Ya no había lugar para el sin sentido del Batman de Adam West o la migraña óptica generada por el colorido diseño de la puesta en escena y los vestuarios. Burton había marcado la diferencia dotando a Gotham justamente de su estilo gótico, a Bruce Wayne del trasfondo trágico detrás de la figura del murciélago y al Joker de una actitud salvaje y homicida con toda la locura que ello acarrea. Sí, también supo conservar en gran parte la tontera payasesca de Cesar Romero pero a la vez se la acompañó del placer psicópata que lleva a un personaje inestable tanto a cortejar a una bella mujer como a arrojarle ácido desde una rosa o regalar cientos de dólares a la vez que envenena a media ciudad con el gas hilarante Smilex. Sí, el Joker conservaba mucho del humor banal pero sabiendo cuándo abandonarlo para ser algo totalmente oscuro y criminal, más parecido por momentos a la versión homicida original que al bromista cuasi inofensivo de la década del sesenta.

Pero la oscuridad no solo se hace presente a través del villano. Tim Burton, conocedor de lo oscuro y lo bizarro (no es por nada que siendo tan joven y con solo dos largometrajes en su haber, le ofrecieran dirigir este film luego del éxito de Beetlejuice un año antes), dotó a cada rincón de esa ciudad corrupta de la dosis justa de oscuridad con el encanto artístico artesanal de esa época. Basta con tan solo observar el diseño de edificios (maquetas mayormente), los fondos pintados que le aportan un realismo retro o los sucios callejones y las columnas de humo que se erigen ocultando a los criminales de los bajos fondos.

La primera aparición de Batman saliendo de apoco de entre las sombras y atacando a dos criminales sobre una azotea producen tanto fascinación como temor, sino pregúntenselo a mi versión de seis años. El primer vistazo al batimóvil atravesando un bosque típicamente Burtoneano acompañado por la orquestación musical de Danny Elfman y Shirley Walker estremece con belleza, exteriorizando la figura de un ser traumado como lo es Batman. Elemento que hasta entonces nunca había sido tomado en pantalla y que el film sabe trasladar al igual que el vehículo hace lo mismo llevando a los personajes hacia la baticueva. Y ya que mencionamos a Elfman y Walker, tampoco se puede obviar el tema principal del film que convierte a esa pieza musical in crescendo en el gran himno que es y en la representación absoluta del personaje, su psiquis y su mundo. Nada de Hans Zimmer señoras y señores.

El film no será una adaptación totalmente fiel del personaje, en muchos aspectos se aleja bastante del origen del personaje siendo el más notorio aquel que tiene que ver con el asesinato de los Wayne, pero sin embargo logra darle una madurez al personaje en pantalla de la cual antes nunca había gozado. Es ese ambiente sucio y la oscuridad, no confundir con seriedad, que rodea a los personajes (principalmente al concepto de Batman y el desarrollo del Joker) lo que permite trasladar a un personaje mítico de las viñetas a la pantalla con el debido respeto que se merece.

Las faltas o libertades que se toma el film pueden llegar a molestar a los fans más acérrimos pero a fin de cuentas prevalece la identidad del personaje y eso es lo que vale sin echar a perder la calidad de lo realizado. Si no tengan en cuenta lo hecho por el director en su secuela (Batman Returns, 1992) que logra superar con creces lo hecho en el primer film y lo hace alejándose por completo de toda fidelidad al material original. De todas formas, haciendo eso alcanza la perfección en un film todavía más oscuro y dispuesto a centrarse en los impulsos de unos personajes claramente dañados y dementes (y eso incluye a nuestro amigo murciélago).

Con Batman de Burton se produjo mi primer acercamiento al personaje. Al pasar los años llegarían los cómics, la serie animada y allí entendería mejor aún las motivaciones y la complejidad del personaje. Pero seguramente nada de eso hubiera sucedido sin la presencia en el celuloide de ese demonio alado, y aún más por el carisma enloquecido del payaso homicida. Los héroes de historietas no eran solo para niños, pero tanto en el papel como en la pantalla entretenían y fascinaban como si lo fueran. Sin sobreexplotarlos y rogando por encontrarse cada tanto con una entrega digna a esos personajes. En los días que corren la batiseñal se enciende más frecuente que nunca, pero sin nadie que venga a hacer justicia. La ausencia del héroe es tan frustrante como la muerte del villano.

Por Nicolás Ponisio

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