#837. The Silence of the Lambs (Jonathan Demme, 1991)

/#837. The Silence of the Lambs (Jonathan Demme, 1991)

★★½ (9/10)
El Dr. Lecter se encuentra encerrado en una celda. Cuando los guardias de turno le llevan su cena se las arregla para liberarse, no antes de degustar el rostro de uno de ellos y esposar a su compañero. De más está decir que en su fuga no serán los únicos que perecerán ante su encuentro. El Dr. Lecter quita vidas pero a la vez se las da al thriller. Los asesinos seriales hace tiempo venían languideciendo desde los 80 en un sin fín de entregas en las cuales algún enmascarado sediento de sangre adolescente (preferentemente de adolescentes calientes… ¿hay otro tipo de adolescentes?) perseguía a los chiquillos semidesnudos. Fórmula exitosa gracias a Halloween (John Carpenter, 1978) pero relegada a la reiteración y ridiculización en la mayoría de los casos. Por suerte en los noventa la fórmula Jonathan Demme/Anthony Hopkins reviven el género, reviven al personaje de Lecter (quien ya había aparecido en el film Manhunter de 1986) y crean un ícono del cine, de la performance y del mal. Un mal con el cual es inevitable empatizar. La figura del asesino serial también era utilizada como símbolo de horror, aquí se utiliza de esa forma pero gracias a la actuación de Hopkins y el carisma malévolo de Lecter se logra querer al personaje logrando opacar todo a su alrededor. La trama del perturbador Buffalo Bill (si Hopkins se lleva nuestra admiración, Ted Levine hace lo mismo pero con nuestra incomodidad) es sumamente atrapante, demostrando uno de los mejores ejemplos de guión y la vitalidad del armado narrativo que aún así sale perdiendo ante la figura del protagonista masculino. El interés no yace tanto en resolver el caso sino en presenciar el arte de composición actoral de Hopkins y aguardar las sorpresas que mediante diálogos y acciones nos depara. El film comienza con una secuencia de títulos en la que vemos a Clarice (Jodie Foster) realizando su rutina de entrenamiento para el FBI. Corre, trepa redes, salta rocas, convirtiéndose en una fuerza poderosa e imparable. Metáfora del empeño, la sagacidad con que se desenvolverá en su investigación de la misma forma que Demme y su film lo hacen para el cine. En ambos casos el éxito, sin duda alguna, está asegurado.
Por Nicolás Ponisio
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