#669. Raiders of the Lost Ark (Steven Spielberg, 1981)

#669. Raiders of the Lost Ark (Steven Spielberg, 1981)

★★★★ (8/10)

El cine, entretenimiento de feria en sus comienzos, no tardó demasiado tiempo en consagrarse llegando al nivel de obra de arte. El problema es que muchas veces se deja de lado al primero en pos del otro o se piensa que el mero fin de entretener evita que la obra en cuestión pueda ser considerada artísticamente. Por suerte, para algunos, el cine nos regaló a Steven Spielberg y él a nosotros momentos/personajes icónicos que sintetizan de buena forma ambos aspectos de la cinematografía. El comienzo de Raiders of the Lost Ark (la primera de la saga de Indiana Jones y la única que no lleva en su título el nombre del famoso arqueólogo) es el mejor ejemplo. En escasos minutos se establece la personalidad de nuestro héroe: intrépido, inteligente, gracioso y sobre todo clásico. A eso se le suman los escenarios (naturales y no tanto: una selva amazónica y un templo con ingeniosas trampas) que engrandecen su imagen y su espíritu aventurero. Espíritu que hoy en día está cada vez más ausente, exceptuando quizás a Gore Verbinski y sus piratas del Caribe cuya primera entrega homenajea una escena del viejo Indy. Lo cierto es que la imaginería visual de Spielberg, esa que es clásica y a la vez innovadora (al menos para la época pero que hoy en día continúa funcionando) y el arte conceptual (guión que supera a la figura del héroe… si eso es posible) se fusionan en adrenalina pura que se mete en la retina y nos sobreexcita hasta el punto de terminar tan agotados como el mismo Indy. Estamos junto a él al luchar bajo un avión y pasar de eso a estar en una persecución a caballo para más tarde vapulear unos cuantos nazis conduciendo un camión. Spielberg y George Lucas también, quien se encuentra detrás de la idea original, revitalizan el género de aventuras demostrando que no es un mero entretenimiento vacío. Gracias a ellos el cine brindó una generación entera de personajes y aventuras dignas de ser recordadas. Lamentablemente, como algunas de las piezas arqueológicas del Dr. Jones, el género parece ser olvidado y cada vez más enterrado bajo el polvo de estanterías. Es allí cuando el público se convierte en Indiana Jones y decide desempolvar la reliquia y dotarla de vida el día de hoy.
Por Nicolás Ponisio 
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