#992. The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring (Peter Jackson, 2001) con Elijah Wood y Ian McKellen

The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring (Peter Jackson, 2001) con Elijah Wood y Ian McKellen

Yo se que en estos casos donde un director adapta una obra literaria archiconocida cabe ponerse de lado del escritor del libro o del director de la película. Acá especificamente las aguas, si han de dividirse, separarán a los fans de Tolkien quienes, vestidos de hobbits o con orejas prostéticas de elfos, arrojarán flechazos de insultos hacia el tipo barbudo qué está en la otra orilla por tomarse demasiadas libertades a la hora de adaptar sus biblias personales. Del lado del gordo barbudo, tendremos a un grupo de cinéfilos defendiendo las licencias tomadas por el director de Criaturas celestiales y King Kong, Peter Jackson. Y estarán los que salten de una orilla a otra, encantados de ver la historia del anillo en pantalla grande pero, quizás, echando en falta algunos pasajes o desaprobando ciertos cambios. Y también los que, como yo, queden nadando en el agua. Por qué? Bueno, nunca me atrajo el universo de Tolkien. Lo poco que pude leer me aburrió y nunca sentí fascinación pòr el universo de Fantasía heroica (exceptuando algún juego RPG) y tal vez sea por la saturación causada por películas o libros previos a la trilogía de Jackson que bebían (robaban) de la obra del escritor británico.
El director Neozelandés es otro cantar. Sus tres primeras películas son un ejemplo de descontrol visual y narrativo, un tríptico basado en los excesos del cine gore y el humor negro que llegaban a su punto cúlmine con la apoteósica Braindead, el salvajismo lúdico hecho película.
En La comunidad del anillo no hay salvajismo ni descontrol visual. Es verdad, tampoco la historia lo pedía. Pero acaso sí pedía esa insoportable solemnidad? Da la sensación de que Jackson está contenido por miedo a que las flechas de los Tolkienanos lo alcancen, llevándolo a hacer versiones extendidísimas, no sea cosa que deje afuera ese poema que todos aman. O acaso él mismo, fan absoluto de la saga, quiere que nosotros los espectadores nos demos cuenta de que la obra de Tolkien es algo serio, y quiere resaltarlo atiborrando nuestros oídos con música celta afectada? O acaso yo, que solo aguanté 10 páginas del Silmarillion, aún apreciando el esfuerzo titánico de Jackson, no tengo la sensibilidad suficiente para apreciar en todo su esplendor la historia de Frodo? No sabría decirlo. Pero sí puedo decir que La comunidad del anillo es una gran película de fantasía heroica, sobre todo cuando pone énfasis en la aventura y no tanto en intrigas o romances palaciegos musicalizados por Enya.
Por José Luis Lemos 

 

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