The Man From Laramie (Anthony Mann, 1955) con James Stewart y Arthur Kennedy★★★½ (7/10)

¿Un western clásico o un policial de suspenso? Anthony Mann en The Man from Laramie nos ofrece ambos géneros y los intercala de la mejor forma sin dejar de lado a uno por otro. La historia comienza con una premisa ya clásica: un hombre (James Stewart, cabe destacar que es el día de hoy que no veo una sola película suya en la que defraude) del que no sabemos casi nada llega a un pueblo para vengar la muerte de su hermano en manos de un desconocido. A raíz de su misión comenzarán a caerle problemas por doquier, esté o no directamente involucrado. Las intrigas se suscitarán una detrás de otra logrando mantener nuestro interés a cada instante y, por momentos, hasta confundirnos sin tener la menor idea de qué esperarnos a continuación. Mann maneja sutilmente distintas subtramas que, a pesar de ser varias, nunca llegan a tornarse confusas o son dejadas de lado. La amenaza apache, el dominio del pueblo por parte de un acaudalado terrateniente, el conflicto con su propio hijo y la traición siempre presente y observando desde las sombras. Lo que se suele decir: pueblo chico, infierno grande. Todas y cada una de las tramas son tan importantes como la principal y tienen su debida conclusión. Lockhart, el hombre al cual hace referencia el título del film, desmitifica la figura del cowboy rudo y veloz. Dará combate a lo largo de la historia pero acercándose más a la figura del mártir, transmitido desde planos en los cuales se lo ve siempre detrás de lazos y escalones, líneas (¿o barrotes?) que cruzan su cuerpo como si viviera apresado y castigado, lo cual le sucederá en más de una ocasión. Mann logra un film que no se centra puramente en la acción sino en los conflictos de poder y relaciones que terminan demostrando que el verdadero peligro no proviene del exterior o de otro bando (los apaches) sino que nace y lleva a cabo sus planes dentro del mismo pueblo, viviendo cerca de nuestro héroe y, con la muerte como compañera, respirándole de cerca.
Por Nicolás Ponisio

 

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