#944. There’s Something About Mary (Bobby y Peter Farrelly, 1998) con Ben Stiller y Cameron Diaz

There’s Something About Mary (Bobby y Peter Farrelly, 1998) con Ben Stiller y Cameron Diaz★★★★ (8/10)

Los hermanos Farrelly (los abanderados del mal gusto según la crítica bienpensante) se dieron a conocer al mundo con Tonto y retonto, donde ya dejaban en claro su particular visión de la comedia: humor disparatado, escatológico y absurdo del que no se salvan ni gente con discapacidades ni animales (o sea, la regla “no hagas chistes sobre discapacitados ni maltrates animales en el cine” se la pasan por…por alto.) Luego del éxito, fueron aun más allá con su fórmula y la aplicaron en la hilarante Kingpin, a mayor gloria de Woody Harrelson y Bill Murray, pero sin el éxito comercial de la anterior. La tercera es la vencida, dicen, y decidieron quemar las naves con su tercer película que, al igual que el tercer disco de una banda, tiene que ser la consagración absoluta. Loco por Mary lo es, pero no solo comercialmente: se percibe una mayor madurez en lo narrativo y una ferocidad incontrolable en los gags. Es como si alguien tomara la determinación de hacer “la comedia más escatológica y maleducada del mundo”, y tuviera las armas para hacerlo de una forma elegante e incluso inocente. Y es que la historia de Ted Stroehmann (Ben Stiller), obsesionado con Mary Jensen (Cameron Diaz) desde la secundaria y decidido a reconquistarla tras un fallido y traumático baile de graduación,nunca pierde de vista los sentimientos de los personajes y se los nota vivos, sin ser simple carnaza de sketchs. Del mismo modo, el mundo en el que Peter Farrelly sitúa a sus personajes no está hecho solo para lucimiento de sus protagonistas, sino que además reivindica a los personajes secundarios, uno más estrambótico que otro dándole un interesante aire coral al asunto. La escatología, claro, está a la orden del día, y por momentos pareciera que estamos viendo una versión slapstick de una película de Todd Solondz, pero que el árbol no tape el bosque: detrás del chiste grueso hay además un guión perfectamente hilvanado y una curiosa sensibilidad, remarcada por las melancólicas canciones de Jonathan Richman, quien oficia de juglar. Y no es fácil salir airoso tras una escena como la del jopo de Mary o la de Matt Dillon chamuscando a un perrito…
Por José Luis Lemos
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