★★★ (6/10)

El cineasta francés Julien Duvivier demuestra, a través de su film Pépé le Moko, que más que un director es un verdadero puestista en escena. El film transcurre casi en su totalidad dentro de la Casbah, ciudad laberíntica de Argelia, donde un ladrón (Pépé) se esconde allí para que la policía no pueda atraparlo. Dicha ciudad es recreada con diferentes escenarios realmente majestuosos (edificios angostos que recuerdan al expresionismo alemán, callejuelas serpenteantes, terrazas) que transmiten el caos bullicioso y el ambiente claustrofóbico generado por el centenar de personas y estructuras que parecen abalanzarse sobre la cámara. Convierte a la ciudad en la verdadera protagonista del film quien no permite que la policía atrape a este ladrón y a la vez se vuelve la prisión que no lo deja escapar, encerrando al personaje en una romántica melancolía por su tierra natal, Francia (representada en el film por medio de la actriz Mireille Balin que interpreta el interés romántico de Pépé). La película funciona como una precursora del film noir, sobre todo en su estética, que dota a los grandes escenarios mencionados con juegos de sombras y tonos oscuros de líneas y persianas proyectadas en los muros que tanto explotaría el género años después. El guión no logra atrapar del todo y carece de fuerza, quizás perdiendo interés ante tanta destreza visual que al igual que la puesta en escena se abalanza, para bien, sobre el espectador.

Por Nicolás Ponisio

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