#366. The Apartment (Billy Wilder, 1960) con Jack Lemmon y Shirley MacLaine

The Apartment (Billy Wilder, 1960) con Jack Lemmon y Shirley MacLaine★★★★★ (10/10)

C.C. “Buddy” Baxter (interpretado por el gran Jack Lemmon) vive en su departamento con la soledad como única compañera. Come solo, ve televisión solo y, como no podía ser de otra forma, duerme solo. A pesar de ello, pocas veces se puede decir que la vivienda de Baxter carezca de visitas y “acompañantes”. El protagonista suele cederle a compañeros de trabajo su departamento para que puedan pasar una buena noche de copas y tirarse una(s) canita al aire. Billy Wilder (director de joyas clásicas como Sunset Boulevard o Double Indemnity) nos presenta a su protagonista y al mundo que lo rodea con gracia y agilidad tanto actoral (los diálogos humorísticos se destacan a todo momento) como desde la puesta. Incluso aquellos momentos solitarios de Baxter, que podrían ser vistos como tristes, son dotados de la comicidad de Lemmon. El protagonista trabaja como contador en una empresa. Un oficinista que posee una máquina de escribir y un escritorio individual. Pequeño espacio en el cual queda aislado de los demás realizando sus tareas laborales. Ésta idea, al igual que sucedía con el departamento, entra en contraposición desde lo visual. Baxter se encuentra solo y a la vez repleto de gente y bullicio a su alrededor. Wilder filma ese entorno dotando al plano, un pictórico gran angular que capta la decena de escritorios enfilados uno detrás del otro y los trabajadores en constante movimiento, llenándolo de detalles y que también lo hará con casi todas las tomas y escenarios del film. La puesta artística no se ausenta en ningún momento, cargando a la imagen de miles de detalles para el placer visual. Luego de su primera hora, en la cual el protagonista le saca buen provecho al uso de su departamento y de paso también se enamora de una ascensorista que se convierte en una gran compañera para él (la hermosa Shirley MacLaine que, acompañada por la fotografía de Joseph LaShelle, enamora a toda mirada masculina), el tono de film, sin nunca abandonar del todo la comedia, se acerca al drama regalándonos una de las secuencias más fuerte y sufrida que el cine clásico ha brindado. A la hora de ver el film, quien les escribe preparó una taza de café como única compañía para su solitario visionado. Al finalizar, al igual que Baxter, la soledad ya no está consigo y ahora tiene para acompañarlo en su memoria otra gran obra del inigualable Billy Wilder.

Por Nicolás Ponisio
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