★★★★★ (10/10)

La película avanza de manera tal que en que en ningún momento de las casi cuatro horas que dura haya dejado de participar de un evento que transcurre en otro tiempo, en otro lado, con un estado de conexión total: cada puesta nos invita a presenciar una situación de intimidad inquietante y atractiva. Un artista que trabaja compulsivamente en su obra y una modelo que sufre a la par. Todo ello con la pantalla impregnada de Emmanuelle Béart en su mejor momento, antes de ser una superstar, un icono de la sensualidad francesa de la última parte del siglo XX. No hay más que agregar: es un pintor que pinta y una modelo que posa.

Por Fernando Christin

 

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